Mi hija ya no me humillará más… ya se leer y escribir.

 Madre maltratada por su hijaRelato de la vida real

 

Aunque muchas personas en el mundo viven sin saber leer ni escribir, esto en realidad debe ser debe ser una muy complicada situación de oscuridad existencial muy difícil de sobrellevar.

 

Acciones como leer la hora, el letrero del autobús, tren o tranvía, la denominación de los billetes o monedas, saber lo que dice un documento que seguramente deberá firmar con su huella dactilar, identificar el letrero de la farmacia o la panadería, leer una señal de tránsito, son sencillas acciones de la vida diaria y no poder realizarlas podría figurarse como vivir dentro de un intrincado laberinto.

Afortunadamente yo no tuve que vivir cosa como esta, pero en el transcurrir de mi vida y durante los años que llevo trabajando en el campo de la formación educativa y en procesos de alfabetización, he conocido personas, desde niños hasta adultos mayores cuyas historias cuentan de amargas experiencias; la que sigue es una de ellas contada por una señora de origen humilde, de 50 años de edad.

Esta señora, a quien llamaremos para el caso como Rosalía, no sabía leer ni escribir. Vivía con su única hija de 35 años, quien había logrado graduarse en la universidad como Abogada y, que constantemente la humillaba, la maltrataba de palabra con expresiones como “Usted si es bruta”, “No sea tan torpe”, “Nunca sabe nada”, “No sea tan burra” y otros irrespetos, vejaciones e improperios de la peor medida.

Foto Unesco

Cuando Rosalía, que asistía el programa de adultos mayores de la Parroquia de la Estrada en Bogotá, se enteró que habría un proyecto de alfabetización para ellos, donde había personas entre los 50 y 70 años de edad, sintió un impulso inexplicable y sin pensarlo dos veces, se inscribió a éste. Asistió con un grupo de 24 adultos mayores más, todos los días de lunes a viernes, dos horas diarias. 4 meses después sabía leer, escribir, sumar y restar. Ese miércoles asistí como invitado al acto de graduación por ser el editor del Método Pimienta de Lectoescritura, el cual habían los tutores utilizado para la capacitación del grupo. La líder del proyecto, de nombre Estrella, en gratitud por el acompañamiento que les brindé, me invitó a apadrinar el acto.

El evento, lleno de amor y gratitud fue muy conmovedor, unos leyeron, otros me entregaron algunos escritos y otros recibieron dictados al tablero. Fue muy emocionante y gratificante ver que el método funcionaba con tal efectividad en este tipo de estudiantes, tanto como en los niños de transición y primer grado.

Al terminar el acto de graduación, Rosalía y tres de ellos, Estrella y una tutora más, fuimos a tomar un refrigerio a una cafetería cercana. Caminábamos por la Avenida Calle 68, cuando Rosalía se detuvo, me tomó del brazo y mirando hacia la vía, leía para mi, los nombres de las rutas de los buses de transporte público que por allí transitaban. La miré con alegría, la abracé y ella a mi; la miré y sollozaba, sus ojos brillaban aún más por la humedad de sus lágrimas, ese brillo era resplandeciente; vi en su expresión alegría y dignidad. Me dijo con la voz algo entrecortada pero firme.: “Ahora, ya mi hija no va a tener cómo humillarme más”… le pregunté ¿Por qué dices eso? y fue entonces cuando me enteré de aquello a que hice referencia al inicio de este artículo. Rosalía dijo también: “Lo que ella no recuerda es que en el campo donde me crié nunca me llevaron a la escuela y cuando llegué a la ciudad y quise estudiar, quedé embarazada de ella, siendo casi una niña y el papá nunca respondió y toda mi vida tuve que trabajar para criarla, educarla y que no le faltara nada, trabajaba en limpieza, lavando ropa, en restaurantes… trabajé muy duro en largas jornadas para que ella tuviera lo necesario y sacarla adelante y… (solloza)… gracias a Dios, lo logré” “Ella se graduó de abogada”…. Confieso que estuve a punto de llorar con Rosalía; la abracé y le dije… “Pero ya eso se acabó”, “Eres una gran mujer y una gran madre”… “Ella va a cambiar” concluí.

Sin darnos cuenta nos habíamos quedado solos, el resto del grupo ya se había adelantado y nos apresuramos a alcanzarlos para tomarnos el refrigerio por el que íbamos. Ese día me prometí.. “Un día voy a desarrollar un proyecto por medio del cual pueda ayudar a muchas personas que como Rosalía y los otros 24 “abuelos”, que vivían en la oscuridad del analfabetismo y ahora lo habían superado. Fue así como después 12 años de buscar la mejor forma de hacerlo, he creado un plan padrino y estructurado la Campaña Mundial de Alfabetización y Gestión Humana – REMA, por medio de la cual estoy seguro, llevaremos a la realidad aquella promesa… habilitar a niños, jóvenes y adultos en su competencia lectoescritora, a muchas personas a nivel global y sin que represente para ellos ningún costo.

Como se trata de una red solidaria de mecenas educativos para que en el mundo haya menos Rosalías y menos niños, jóvenes y adultos analfabetos, quiero invitar por este medio a quienes tengan la oportunidad de recibir este mensaje, a que se afilien al programa, a que se unan a nosotros en esta justa humanitaria, pero que además, también como padrinos educativos y sociales, nos dará grandes satisfacciones y beneficios. Infórmate mejor en este link http://gentelider.org/ o si lo prefieres, comunícate conmigo al correo electrónico info@gentelider.org o mediante la pestaña de contacto http://gentelider.org/contactenos/ Yo personalmente estaré gustoso de atender tu solicitud de información e ilustración sobre la Campaña. Gracias sinceras.

Armando Chavarro

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